¿Por qué volví a abrir esta
cuenta? ¿Por qué estoy aquí? A veces siento que no tengo que
decir y se supone que por esto la reactive. ¿Y por qué? ¿Qué me motivó?
Quizá fue el deseo de cambiar
quien soy, no por quien solía ser, pero por algo mejor. O quizás fue por qué
estaba dolida.
Duele saber que no tengo lo que
quiero, que no tengo lo que deseo y duele pensar que quizás es esto lo que merezco.
Y que triste, si es verdad, que triste es merecer tan poco. Desempleada y sin ambiciones, en
duelo aun por el gato al que amé más que a mi propia vida, sin un centavo por tratar
de salvársela y con la amargura de que no lo conseguí.
“Mi gato murió y todo está peor”-
me repito cuando vago por las calles.
¿Cuándo mejorara todo? ¿Cuándo
encontrare la puerta que se abra? no me arrepiento haber gastados mis ahorros
en él. Me arrepiento de no haber ahorrado más. Ahorra sin mi red y sin mi gato,
sin trabajo y sin idea de quien soy. Sin amigos, sin conexiones y sin idea de
conseguirlas. Estoy perdida.
¿Y en fin que tiene eso que ver
con que estoy contando calorías? Y pues bueno, ¿Qué sentido tenía llenarme la
cara con lo que encontraba si era el mismo dolor? Ahora que he ganado tanto peso,
20 kilos más, ya no se quien soy, me deje morir. Me abandone y todos me
siguieron.
No soy nadie si no me ven
atractiva, ni mis “amigos”, ni las conquistas, y menos un prospecto de trabajo.
Vivir en una sociedad que se fija en lo físico no va a cambiar, ni mañana, ni
nunca. Y por mucho que deteste la idea de valorarme tras la validación externa aquí
estoy. Buscando que me den una mano a
costa de belleza, belleza que ya no poseo. Buscando que se arrepientan los que
me rompieron el corazón. Buscando que me vuelvan a ver con ojos de envidia por
lo linda que soy. No eran buenos tiempos, pero sabía quién era yo.
Me estoy aferrando a viejas
tendencias autodestructivas porque al menos así tengo el control. Matándome de
hambre tengo el control.